Alzheimer y falta de sueño

Nada ha cambiado en décadas, respecto a las recomendaciones establecidas por los expertos, en dormir bien por la noche. Y aunque la ciencia médica no ha determinado aún con exactitud que hace el sueño, lo que si sabemos es que no dormir lo escla, desequilibra todo tu sistema. Por ejemplo, la obesidad, algo que visto así de pronto muy pocos vincularían con el sueño, lo cierto es que tiene una gran conexión con este. Se sabe que las dos hormonas que se encargan de regular el apetito, la ghrelina y la leptina, se desequilibran por la falta de sueño. Y por ello acabamos comiendo de más, ya que el cerebro no recibe eficazmente las señales normales de hambre y no sabe si ya has comido lo suficiente.

Las perturbaciones en el ciclo de sueño/vigilia se han asociado a numerosas enfermedades psiquiatras y neurológicas, incluida la enfermedad del Alzheimer. Cada vez más, la ciencia se acerca a esclarecer como está conectado el sueño, o mejor dicho, la falta de este, con el Alzheimer.

Sabemos que este trastorno se inicia por una excesiva acumulación en el cerebro de una pequeña proteína llamada beta-amiloide, la cual acaba desencadenando todas las patologías subsecuentes que acaban en muerte de las neuronas y la demencia (deterioro de la capacidad mental, lo suficientemente grave como para interferir en la vida diaria) del Alzheimer(1).

El Alzheimer es la causa más común de demencia en personas mayores (La demencia vascular, que ocurre luego de un accidente cerebrovascular, es el segundo tipo de demencia más común) y quienes lo padecen presentan a menudo importantes problemas de sueño. U aunque en un principio estos trastornos del sueño fueron descartados como simple consecuencia de la enfermedad, ahora sabemos que ocurren temprano y pueden ayudar a causar Alzheimer.

La evidencia científica muestra que los ciclos de sueño/vigilia están estrechamente relacionados a la producción de B-amiloide en el cerebro de humanos y en los modelos con ratones de la enfermedad de Alzheimer. Se produce amiloide en mayor medida cuando estamos despiertos y las células son más activas. Durante la noche, en particular en el sueño profundo, la producción de amiloide se frena. Pero no solo se reduce la producción de B-amiloide, sino que es aquí cuando el cerebro se puede limpiar a si mismo. Produce más fluido alrededor de las neuronas, el cual sirve para expulsar la acumulación de metabolitos (cualquier sustancia producida durante el metabolismo, digestión u otros procesos químicos corporales. El término metabolito también se puede referir al producto que queda después de la descomposición (metabolismo) de un fármaco por parte del cuerpo) y restos de proteínas como la B-amiloide. 

 

Esta vía de limpieza de desechos se conoce como el sistema glinfático del cerebro y tiene similitud con lo que el sistema linfático hace pero empleando en este caso las células gliales en lugar de las linfáticas. Así que como vemos, al dormir no solo se cesa la formación de B-amiloide,  sino que además se purga el cerebro.

Mientras tanto, los humanos y ratones privados del sueño, muestran una producción mayor de B-amiloide  y muestran evidencia de daño grave en las neuronas. Y dado que la B-amiloide y la cascada que esta desencadena llevan a la muerte de las neuronas en la enfermedad del Alzheimer, ya tienes una razón más para dormir esas horas que tu cuerpo, y en especial tu cerebro (por el tema tratado hoy) necesita para autolimpiarse y regenerarse.

Y aunque aún no entendamos con exactitud como el sueño es capaz de estimular el proceso de limpieza del cerebro a nivel genético, vigilar tu sueño y dormir bien parece una de las mejores maneras de reducir potencialmente tu riesgo de padecer Alzheimer.

 

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