El Azúcar No Alimenta al Cáncer

A principios del siglo XX el científico Otto Warburg postuló la hipótesis del origen del cáncer, la hipótesis de Warburg. Esta hipótesis sostiene que el azúcar es el combustible que las células cancerosas necesitan para crecer; el azúcar alimenta el cáncer.

Y aunque tanto las células normales como las cancerosas utilizan glucosa como energía, se sabe que las células cancerosas metabolizan la glucosa más rápido que las normales. Es parte de lo que se llama efecto de Warburg, llamado así por el científico alemán Otto Warburg.

En la actualidad, algunos científicos trabajan en tratamientos para destruir las células cancerosas al privarlas de glucosa. Esperan poder alterar los genes que afectan el metabolismo de las células cancerosas o desarrollar fármacos que podrían dirigirse al metabolismo de dichas células.

El campo del metabolismo del cáncer realmente se ha disparado en los últimos 20 años, pero se ha basado en esta observación que Otto Warburg publicó en 1922: que las células cancerosas pueden consumir glucosa a un ritmo muy alto.

El efecto Warburg incluso tiene una aplicación práctica en el diagnóstico del cáncer. En una prueba de diagnóstico por imágenes llamada tomografía por emisión de positrones (PET), los médicos inyectan glucosa radiactiva en el torrente sanguíneo. Dado que las células cancerosas metabolizan la glucosa a una velocidad más rápida, la PET ilumina la ubicación de las células cancerosas y los tumores en el cuerpo. Los médicos pueden usar la imagen para detectar el cáncer.

Sin embargo, revisiones recientes hacen cuestionar esta teoría.

Quizá el cáncer sea más grasiento que dulce.

Parece ser que los tiempos donde se pensaba que el azúcar era el principal, sino el único, combustible que promovía la proliferación de células cancerosas ha quedado atrás.

Los tumores consumen glucosa a altas tasas, pero parece ser que las células cancerosas en sí mismas no son las culpables.

Los hallazgos descubiertos por un equipo de investigadores ha alterado los modelos del metabolismo del cáncer que se han desarrollado durante los últimos 100 años.

Estos descubrimiento contrastan con la visión predominante de que es la célula cancerosa la que engulle toda la glucosa para así obtener energía y crecer. Los datos obtenidos sugieren que son las células no cancerosas en un tumor, principalmente células inmunitarias llamadas macrófagos, las que captan la glucosa, mientras que las células cancerosas captan glutamina y ácidos grasos.

El equipo usó dos marcadores PET diferentes, uno para seguir la glucosa y otro la glutamina, aplicado a diferentes modelos de tumores. En todos los casos encontraron que las células inmunes macrófagos  y las células T tenían la mayor absorbsión de glucosa, mientras que las células cancerosas absorbían la mayor parte de glutamina. Los investigadores creen que este es un fenómeno general que se extiende a todos los tipos de cáncer.

Además de la glutamina, se ha observado que a las células cancerosas les encanta la grasa y el colesterol. Y la razón es sencilla, las grasas almacenan mucha energía que pueden intensificar la propagación del tumor.

Ningún estudio realizado en personas ha demostrado que reducir la ingesta de azúcar previene o trata el cáncer. Además, ningún estudio ha demostrado que comer demasiada azúcar cause cáncer. En otras palabras, no existe un vínculo directo entre el azúcar y el cáncer.

 

Las células tumorales dependen de las grasas para iniciar metástasis.

Se ha llegado a identificar un receptor de grasa, denominado CD36, en ciertas células tumorales con capacidad para iniciar metástasis.

La proteína CD36, involucrada en el metabolismo de los lípidos, promueve la diseminación de ciertos tipos de cáncer. Un tumor cancerígeno contiene millones de células, pero tan solo entre un 1% y un 5% de ellas ostentan capacidad metastásica.

La proteína CD36, que absorbe grasas desde la membrana celular, es factor determinante para que las células tumorales sean metastáticas. Los tumores humanos analizados, sin CD36 no desarrollan metástasis y bloquear la proteína además reduce drásticamente las metástasis establecidas. 

En otras palabras, si bloqueamos la absorción de grasa en las células cancerígenas, podemos eliminar el tumor.

Y todo esto se está llevando a cabo en laboratorios con fármacos bloqueadores de receptores, con resultados prometedores.

Pero, sabiendo que la grasa dietética está alimentando el cáncer, ¿Por qué no empezar nosotros mismos a prevenir la aparición de estas células cancerosas eliminando la grasa saturada y colesterol de nuestras dietas? 

 

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