Lácteos y resistencia a la insulina

La insulina es una hormona producida por el páncreas que ayuda a que la glucosa (azúcar) pueda entrar a las células y obtener energía para nuestro cuerpo. En la diabetes mellitus tipo 1 (DM1), el cuerpo no produce insulina. En la diabetes mellitus tipo 2 (DM2), la más común, el cuerpo no produce o no usa la insulina de manera adecuada. Sin suficiente insulina, la glucosa permanece en la sangre.

En las personas con DM2, existe una combinación de problemas. La glucosa se acumula en la sangre, causando niveles altos de glucosa (hiperglucemia). En algunos casos, la persona puede estar produciendo más insulina de lo normal (hiperinsulinemia) para convertir la glucosa de los alimentos en energía, forzando al páncreas a realizar un mayor trabajo para producir más insulina por que las células del cuerpo son resistentes a los efectos de la insulina. Es decir, a pesar de la presencia de insulina en la sangre, la glucosa no puede entrar a las células del cuerpo.

La resistencia a la insulina, también conocida como resistencia insulínica o insulinorresistencia, es una alteración genética o adquirida de la respuesta tisular a la acción de la insulina. Es una inadecuada captación de la glucosa dependiente de insulina por parte de las células

Con el tiempo, como resultado de esta alteración los niveles de glucosa en sangre aumentan y se acompañan de hiperinsulinemia por la sobreproducción pancreática de insulina, llevando al organismo al desarrollo de diabetes tipo 2.

 

Los científicos no saben exactamente qué causa esta resistencia a la insulina, se cree que existen distintos defectos en el proceso de entrada de la glucosa a la células mediada por la insulina. Pero sin duda, el principal condicionante de la resistencia a la insulina es la occidentalización del estilo de vida, que trajo consigo el aumento de consumo de alimentos procesados y ultraprocesados, desplazando el consumo de alimentos reales (frutas, verduras, legumbres…), el sedentarismo, estrés crónico… Hábitos poco saludables que con el tiempo conducen a las personas a desarrollar enfermedades del síndrome metabólico.

Por tanto, si eres una persona con DM2 o resistencia a la insulina, es muy importante prestarle atención a tus hábitos de vida, y uno de los hábitos que mas involucrados está con la diabetes y que más veces al día realizamos, es el de comer.

Y algo que comemos mucho es la leche y los productos lácteos. Alimentos que generan cierta controversia entre los profesionales sanitarios y población en general, pero que la evidencia científica, está mostrando y dejando cada vez más claro, la fuerte relación que existe entre el consumo de lácteos y la resistencia a la insulina.

Las concentraciones circulantes de aminoácidos de cadena ramificada (BCAA), que se encuentran en cantidades muy elevadas en los productos lácteos, pueden afectar el metabolismo de los carbohidratos en el músculo esquelético y, por lo tanto, pueden alterar la sensibilidad a la insulina.

Los BCAA son elevados en adultos con obesidad inducida por la dieta y están asociados con su riesgo futuro de diabetes tipo 2 incluso después de tener en cuenta los factores de riesgo clínicos iniciales.

Un reciente estudio (1) donde se realizó un seguimiento durante más de 2,3 años a 1205 sujetos, ha demostrado que los aminoácidos de cadena ramificada (BCAA), que se encuentran en cantidades muy elevadas en los productos lácteos, causan resistencia a la insulina. Otra investigación (2) ha mostrado como las elevaciones en las concentraciones de BCAA circulantes se asocian significativamente con la obesidad en niños y adolescentes, y pueden predecir la futura resistencia a la insulina.

De hecho, se ha encontrado que altas cantidades de insulina se secretan típicamente después de que se consume proteina láctea (3). En concreto, en este estudio hubo un aumento del 60 por ciento en la resistencia a la insulina en los participantes del estudio.

También hay que mencionar que los lácteos estimulan una hormona llamada GIP( Péptido Insulinotrópico-Dependiente de la Glucosa) que se genera en el intestino y que estimula la producción de insulina. Y los productos lácteos estimulan la producción de GIP entre un 21 y un 64% más que el pan blanco, con su concecuente producción de insulina (4).

Y realmente, si nos paramos a pensar de donde provienen y para qué sirven los lácteos, veremos que tiene toda su lógica. La leche producida por los mamíferos, como la de vacas, cabras y ovejas, las más consumidas, está destinada a alimentar a un animal recién nacido que está creciendo, y que está en el momento en el cual necesita las grandes cantidades de carbohidratos (lactosa) y proteínas que se encuentran en la leche. Son las únicas criaturas que se benefician de beber esa leche, como hicimos nosotros, o los que tuvimos más suerte, al alimentarnos de la leche de nuestra madre.

Pero una vez y hemos pasado esta edad, en la que necesitamos ingerir la mayor cantidad de proteína durante toda nuestra vida, lo último que queremos es seguir ingiriendo alimentos con alta dosis de proteína, en especial de BCAA.

Por tanto, si estás tratando de mantenerte alejado de las enfermedades metabólicas como la DM2, o estás luchando contra la resistencia a la insulina, una de las mejores opciones que puedes adoptar es tratar de reducir al mínimo, o mejor aún, eliminar por completo los productos lácteos de tu dieta.

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