¿Hay que comer de todo?

                      “Tus abuelos siempre han comido de todo y mira que bien están”.

Seguro que no soy el único que ha escuchado esta frase cientos de veces, repetida en bocas de nuestros padres, tíos, o demás familiares; pero no nos han contado toda la verdad de ese “de todo”.

Yo he tenido la suerte de poder disfrutar de mis abuelos y poder hablar con ellos sobre sus épocas pasadas; desde siempre he tenido esa inquietud de saber como vivían ellos, como se alimentaban, como trabajaban, como dormían, como se relacionaban con los demás, sus creencias… en definitiva como era sus vidas pasadas. Y la verdad, que después de hablar con ellos y con muchos otros abuelos, he podido llegar a la conclusión, de que sus antiguas vidas diferían mucho muchos de nuestras vidas actuales.

Nada, o muy poco, de lo que ellos hacían, se parece a lo que estamos haciendo nosotros hoy en día. Quizás sea por eso que ya muchos científicos afirman, que “La generación actual podría ser la primera en mucho tiempo en tener una esperanza de vida menor que sus padres”. La Escuela de Sanidad Pública de Harvard lo demostraba en un estudio publicado en la revista British Medical Journal (BMJ). Estuvieron 20 años recogiendo datos para llegar a la conclusión de que “el sobrepeso a mediana edad puede reducir en un 79% la posibilidad de tener una vida larga y sana”. Y como todos sabemos, los casos de obesidad aumentan por día. Pero el efecto dominó de la obesidad está claro. Tiene relación, entre otras, con la hipertensión, la diabetes y los problemas del corazón. Todo ello, un gran cóctel para reducir nuestra esperanza, y lo más importante, calidad de vida.

Es cierto que los avances de la medicina han ayudado enormemente a superar multitud de enfermedades que antaño suponían una muerte segura. Sobre todo enfermedades infecciosas relacionadas principalmente con una malas condiciones de higiene. También han habido avances enormes en la medicina de urgencias, si te fracturas un brazo o una pierna, o si tienes un paro cardíaco, no hay mejor sitio para acudir que a un hospital. Pero estos avances no sirven para superar otro tipo de problemas, y que son los que afectan a la mayoría de la población, y como nos dicen las estadísticas, cada año van en aumento, y lo más grave, que enfermedades relacionadas con la edad de vejez, se empiezan a ver cada vez, en más niños. Ha aumentado el número de personas que sucumben a enfermedades respiratorias, renales, cáncer, al alzheimer, a la hipertensión, la diabetes… por tanto, si queremos frenar e invertir esta situación que no nos ofrece un futuro esperanzador, deberíamos aprender de lo que realmente hicieron nuestros abuelos, que no es lo que creemos, y volver a copiar, dentro de la vida actual, sus hábitos de vida, que son los que los han llevado a tener una vida longeva.

Entonces, ¿qué es lo que ellos hacían para vivir con esa calidad de vida, libre de enfermedades durante la mayor parte de sus vidas, y alcanzar edades longevas?

Realmente no hacían nada especial, era todo muy sencillo; aunque igual a muchos de nosotros, debido al cambio radical sufrido en el estilo de vida, si nos parezcan cosas especiales o extrañas, ya que no compaginan con nuestro estilo actual de vida.

Principalmente, lo que si hacían todos, era llevar una vida activa, muy activa. Pasaban la mayor parte del tiempo a fuera, en las labores del campo, cultivando las tierras y atendiendo a sus animales, lo cual les obligaba a mantener el cuerpo en movimiento y además, con el beneficio de recibir luz solar, tan necesaria tomarla a diario, y respirar aire limpio (el aire del interior de las casas es mucho más tóxico que el aire de afuera, incluso viviendo en una ciudad donde hayan muchos coches).

Por tanto, ya vemos algo que debemos mejorar en nuestro día a día. Debido al estilo de vida actual, en la que los trabajos difieren totalmente del que hacían nuestros abuelos, nos pasamos la mayor parte del tiempo sentado, con las graves repercusiones que ello conlleva para la salud, por ello debemos buscar la manera de incrementar nuestra actividad física diaria. Y no es suficiente con realizar 1-2 horas de ejercicio al día, es más que eso, es mantenerse activo la mayor parte del tiempo. Se han visto que los beneficios del ejercicio físico se anulan al permanecer más de 8 horas sentados. El simple hecho de levantarse cada 45 minutos y mover un poco las piernas o realizar unas pocas sentadillas o flexiones, o dar unos pocos pasos ya ayuda.

Otro aspecto importante que ha hecho que nuestros abuelos gocen de buena salud, es el de la alimentación. Y aquí le tengo que dar la razón a toda esa gente a la que me refería al principio, cuando dicen “Tus abuelos siempre han comido de todo y mira que bien están”. Y es cierto, nuestros abuelos comían de todo. Comían grandes cantidades de verduras y frutas de temporada, tubérculos, como papas y batatas, legumbres, nueces, huevos de sus propias gallinas, leches y quesos artesanales, con cuajo real, no sintético como el que se usa ahora, de sus propias vacas o cabras, cuando estas quedaban preñadas de forma natural, y sin forzar como hoy día, por tanto no era todo el año; además eran en cantidades muy bajas, ya que los animales no producían tanta leche como los de hoy en día, aunque si de muchísima mejor calidad, y la que daban había que repartirlas entre todos los miembros de la familia. Y los que tenían más suerte, llegaban a consumir algo de pescado y carnes para los días especiales, de celebraciones y fiestas. Eso era el de todo que consumían nuestros abuelos, no había más; no habían productos prefabricados, no existían los embutidos, la bollería, los cereales refinados, la comida rápida… no existía nada de eso que abunda en nuestras neveras y nuestros platos en el día de hoy.

 

                    

 

Por eso, el de todo de nuestros abuelos, no nos puede valer para el de todo de hoy en día, ya que estos de todo engloban distintos alimentos. Cuando ahora nos referimos a comer de todo, estamos incluyendo alimentos que no son adecuados, ni necesarios incluir, y ya todos sabemos a cuales me refiero. Ni siquiera nos vale la moderación para esos alimentos, porque hasta consumidos de forma moderada, se ha visto como pueden llegar a causar serios daños a nuestra microbiota, lo cual ya debería hacernos replantear muy seriamente el tomar dichos alimentos, porque todo lo que dañe tu microbiota, está dañando tu salud a corto y largo plazo.

Y tan importante como el que comer, lo es como comer. Y el gran problema, como bien dice el dicho, es que ya “no comemos para vivir, sino que vivimos para comer”. Hemos pasado de comer alimentos densos en nutrientes de 2 a 3 veces al día, a consumir alimentos totalmente vacíos en nutrientes y altos en calorías y aditivos, de 5 a 6 veces al día, y los hay que hasta más. Y de esto tienen culpa muchos medios y “profesionales”, que están transmitiendo una información no muy acertada para nuestra salud.

Además de es estos dos aspectos, nuestros abuelos incluían dentro de sus hábitos saludables, el buen trato siempre hacia y con los demás, siempre gozaban de buenas relaciones sociales y si no todos, si la gran mayoría, trataban a los demás como un familiar más, y eso también se transmite en buena salud, tanto física como mental.

También tenían una gran fe, y sus problemas se lo dejaban a ese “algo” o “alguien” en los que ellos creían, y se libraban así de una de las mayores epidemias de nuestra sociedad, el estrés, el cual está detrás de la gran mayoría de enfermedades de hoy en día. Por ello se vuelve de vital importancia saber manejar este estrés, que en ciertas ocasiones es necesario y es el que nos ha hecho sobrevivir, pero no mantenerlo de forma sostenida, como vive la gran mayoría la mayor parte del tiempo, con lo que al final la salud física y mental va mermando, hasta que un día el cuerpo no pueda más y diga basta.

No podemos seguir haciendo lo mismo y esperar resultados distintos. Parece que hoy en día es normal tener algún “problemilla” de salud; nos han hecho creer eso, cuando no es así, eso está muy lejos de la realidad. No tenemos que vivir con dolores de cabeza, diabetes, tensión elevada, problemas del corazón… estar medicándonos día tras día, e ir hacerle una visita semanal a nuestro médico, eso no es lo normal, aunque nos parezca que sí, ya que desgraciadamente es un grave problema bien arraigado a nuestra sociedad. Lo normal es gozar de buena salud, energía, sentirnos bien con nosotros mismos cada día, llevarnos bien con todos los demás y vivir en total armonía con todo lo que somos y tenemos, en resumen, vivir como nuestros abuelos.

Por todo ello, y como yo lo veo, que a veces suele sonar de radical y extremista, creo que hay que hacer un enorme cambio en nuestro habitual estilo de vida, si realmente queremos mejorar o igualar nuestra salud a la de nuestros abuelos. Y realmente tenemos que ser más radicales en nuestro estilo de vida, que el que ellos llevaron; recuerda que ellos vivieron en un ambiente mucho más sano que el que nos está tocando vivir a nosotros. Ellos no tenían que lidiar con tantos tóxicos ambientales como nosotros, que estamos rodeados de contaminación, y no solo química sino también contaminación lumínica (lo cual afecta gravemente a nuestra glándula pineal, de ahí tantos casos de insomnio), contaminación acústica, radioactiva (después de los desastres nucleares de Chernobyl y Fukushima), electromagnética (antenas de telefonías móviles, wifi…) Por ello no nos queda otra, si queremos gozar de buena salud y calidad de vida, que cortar con todo eso que ya sabemos que nos está haciendo daño; comida basura, sedentarismo, estrés, malas relaciones sociales… y empezar a implantar los hábitos saludables heredados de nuestros abuelos, que hemos perdido por algún lugar del camino, y son los únicos que pueden devolvernos a un estado óptimo de salud tanto física como mental.

Simplemente necesitamos ganas, motivación y la unión de todos para lograr ese cambio a mejor que seguro todos anhelamos. Así que cuento contigo.

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *